¿Sabías que la piel de tu bebé se ha formado a partir de la misma materia que sus oídos y sus ojos? Cuando todavía reposaba seguro dentro del útero, su cuerpo estaba formado por tres capas: el ectodermo (la capa externa), el mesodermo (la capa intermedia) y el endodermo (la capa interna). A partir de cada una de estas tres capas se ha desarrollado un grupo de órganos o de partes del cuerpo. El sistema nervioso, los sentidos y la piel se han desarrollado a partir del ectodermo. Por tanto, las tres capas tienen el mismo origen: no es de extrañar que la piel tenga tanta capacidad de percepción.
Justo debajo de la piel se encuentran las diferentes terminales nerviosas, que nos permiten percibir sensaciones como el calor y el frío, y distinguir entre una caricia suave y un frotamiento brusco. Las células sensoriales o corpúsculos táctiles de la piel comunican estas impresiones a nuestro cerebro, donde se las relaciona con una sensación. De este modo, el bebé puede llorar, por ejemplo, cuando se golpea la cabeza contra un lado de su corralito, y experimenta el calor de tus manos como un consuelo.