En el momento del nacimiento, la piel de los bebés tiene un pH casi neutro debido a la ausencia de un manto ácido protector. Por eso, es muy vulnerable a los gérmenes y a otras influencias externas. No obstante, la naturaleza proporciona una solución estupenda.
Cuando nacen, muchos bebés están cubiertos por una capa blanca cremosa y nutritiva (el vernix). Esta capa desaparece al cabo de algunas horas y, durante los seis meses siguientes, la piel de tu bebé desarrolla su propio manto ácido protector. Este manto está formado por los lípidos, las proteínas y la humedad del propio cuerpo. Al mismo tiempo, la piel de tu bebé comienza a producir su propio pigmento y sebo, que actúan como una protección natural contra los rayos del sol y la sequedad.
No se puede perder agua Aproximadamente el 60 por ciento de nuestro cuerpo está formado por agua. Nuestra piel evita la pérdida de agua creando un manto ácido protector.