Los niños pequeños están expuestos a numerosas influencias, ya que todavía no se sienten en armonía con el mundo que les rodea. Muchas impresiones consiguen penetrar en sus cuerpos diminutos. Algunos niños absorben todas estas impresiones externas pero no saben qué hacer con ellas. Combinadas con las impresiones procedentes del interior, a veces pueden ser excesivas para el bebé. Esto se puede expresar en inquietud y en llanto, pero también puede provocar granitos, sequedad y enrojecimiento.