Lo natural es que queramos tocar y abrazar a los bebés. Es más, todos los bebés mejoran con el contacto. Las caricias suaves, combinadas con el contacto visual, tu voz, tu lenguaje corporal y el calor refuerzan los lazos entre tu bebé y tú. Se siente seguro y acogido. Y eso es muy importante en un mundo que para él es nuevo y abrumador.
Cuando tocas a tu bebé con cariño, le ayudas a desarrollarse y a crecer de forma sana. Al hacer que tu bebé sienta que tiene una pancita, bracitos y piernas, se siente bien en su propio cuerpo. El profundo sentimiento de intimidad también le proporciona una base fuerte sobre la que puede crecer bien.